martes, 21 de junio de 2011

Importancia de la Sociología Militar

Las RCM van más allá de la interacción estratégica y jerárquica de la esfera militar con el poder político, también se dan con los diferentes sectores de nuestra sociedad, más aún si tomamos en cuenta de la pluralidad que existe en ella, de ahí la importancia que reviste la sociología aplicada al sector militar para comprender las complejas relaciones civiles militares; ello también implica analizar la Fuerza Armada como una Organización Social que tiene sus propias peculiaridades, particularmente el profesionalismo y el ethos militar
Un estudio sociológico del personal de Oficiales de la Fuerza Armada daría información valiosa al Comando de ella, que ni la politología tradicional ni la sociología clásica lo haría; que permitiría tomar las mejores decisiones tanto en forma interna, como ente organizacional, es decir tanto en la organización operativa como la organización administrativa, así como en forma externa al orientar las relaciones con el poder político y la ciudadanía en general; según Morris Janovitz, padre de la Sociología Militar, un estudio de esta naturaleza abarcaría las siguientes variables: los orígenes sociales, las especialidades dentro cada Instituto, el status percibido y el real, el prestigio social, las motivaciones de la carrera, la ideología que predomina, etc.
Estas variables permitirían alcanzar en forma general dos objetivos:

1. Dilucidar los patrones comunes en las instituciones militares, que no dependen exclusivamente
del contexto nacional o cultural ; por ejemplo: su carácter o propósito profesional mismo; desde este punto de vista se utilizaría el concepto de “análisis organizacional o comportamiento de la organización”.

2. Observar a las instituciones militares como un reflejo de estructuras sociales y valores políticos
y culturales de cada entorno especifico, hecho que conduce al abordaje esquemático bajo el enfoque de “fuerzas armadas y sociedad” en la medida en que tales diferencias nacionales son
elementos básicos que determinan distintos patrones de las relaciones civiles-militares.
En nuestro caso se podría apreciar el impacto sobre la Fuerza Armada de las influencias que han ocurrido a nivel mundial, como las nuevas tareas que se le está encargando a la FA, así como en el orden interno, el proceso de democratización que se está dando en el país. Por otro lado, hay la creencia generalizada que los miembros de la Fuerza Armada piensan y valoran de forma similar, podría sostener que estos estudios nos darían más de una sorpresa.
Es importante también conocer la tendencia de las fuerzas armadas en el mundo tal como la ha publicado Charles Moskos en  The Post Modern Military , y cuál es la tendencia en nuestro país  de manera tal que podamos anticiparnos a los hechos
Estas investigaciones tendrían que hacerlos tanto civiles como militares, como se inicio en el Seminario Inter Universitario sobre Fuerza Armada y Sociedad, IUS, impulsada por Janotviz en los 60s, seminario donde periódicamente se reúnen civiles y militares a presentar sus trabajos sobre diversos temas de sociología militar, los cuales, luego de ponencias y  debates se transforman en recomendaciones que se alcanzan al Sector de Defensa. Un obstáculo inicial podría ser el dar facilidades a los profesionales civiles para que puedan hacer sus trabajos en el campo de investigación, labor a la cual los militares no están acostumbrados, por el prurito de la seguridad y por el pensamiento remanente del “enemigo interno”.

jueves, 21 de abril de 2011

Las relaciones civiles militares: una construcción social

Las nuevas relaciones civiles militares en nuestro país se vienen dando dentro de un marco democrático, que si bien es cierto de baja intensidad, es el norte al que se pretende arribar como Estado. Estas relaciones deben tener un nivel adecuado y ser las  que más convengan para asegurar al Estado que esté libre de cualquier amenaza.
Debemos tener en cuenta que son las relaciones que se dan dentro de un régimen democrático, entre civiles y militares, donde la Fuerza Armada es consciente que depende del control civil o control democrático para la toma de decisiones en los aspectos de Defensa y Seguridad, y que  no es deliberante en asuntos de política de Defensa y otros asuntos públicos de carácter político. Sin embargo, por otro lado debe tener cierta autonomía para el manejo interno eficiente de sus asuntos  operativos y administrativos.
Tratando de conceptualizar el término podríamos afirmar que las relaciones civiles militares son las interacciones que existen entre la Fuerza Armada y el sector civil, en forma general; y en forma particular con el poder político, son relaciones que se dan como resultado producto de la estructura del poder y contexto político que existe en un país, dentro de una interacción estratégica y jerárquica, que se da de manera cotidiana y que genera naturales tensiones por el tipo de decisiones que se toman.
La Constitución Política del Perú Art. 169, menciona: “Las Fuerzas Armadas no son deliberantes. Están subordinadas al poder constitucional”. Así como lo índica  la vigésimo quinta Política de Estado del Acuerdo Nacional, sobre la cautela de la Institucionalidad de las Fuerzas Armadas y su servicio a la Democracia, menciona que el Estado garantizará el control democrático de las Fuerzas Armadas.
Esta subordinación a veces es mal entendida tanto por políticos como por algunos militares; la subordinación es de carácter político, a la autoridad política, y no implica una sumisión per se, que permita una intromisión de los civiles en aspectos que son inherentes a la Fuerza Armada, dado que le quitaría parte de la eficiencia que he mencionado; sería pues inadmisible justificar la subordinación de los militares al poder civil sólo por un afán instrumental, toda vez que los civiles pueden ser mas autoritarios que los militares.
Por otro lado es interesante analizar como el control democrático o control cívico (Margaret Hayes,CDHS) “antagoniza” en cierta forma con la eficiencia y eficacia de la Fuerza Armada, en vista que el nivel de control o supervisión, como prefieren llamarlo los europeos ( Hans Born del DECAF- Ginebra), tiene que ver con el nivel de autonomía de la Fuerza Armada que le permita cumplir con las misiones asignadas, de manera tal que dicha supervisión coadyuve y no obstaculice dichas misiones, siempre dentro del marco democrático y las líneas rectoras de la política de defensa y política militar del Ministerio de Defensa.
En otras palabras de un lado se tiene autonomía, independencia y profesionalización y del otro control civil de la Fuerza Armada, los que aparentemente  son objetivos incompatibles y de lo que se trata es de encontrar un justo medio. Si quisiéramos hacer una analogía sería como si tuviéramos una balanza, en la que por un lado está el control democrático y en el otro está el profesionalismo militar con la eficiencia y efectividad, el fiel de dicha balanza esta el nivel de autonomía que debe tener la Fuerza Armada que  es una construcción social, que le va a permitir al proceso político una legitimidad ante la sociedad, cualquier presión indebida en una u otra dirección no sería sustentable en el tiempo.
De ahí que el nivel de autonomía que debe tener la Fuerza Armada no es una imposición que hacen los civiles, es mucho mas complejo que eso, es una construcción  que hacen tanto militares como civiles en base a sucesivas aproximaciones, guardando el respeto mutuo y las consideraciones profesionales de ambos sectores; son acercamientos que se van efectuando gradualmente en función a las variables políticas mencionadas anteriormente, de manera tal que permita que la Fuerza Armada pueda cumplir con sus objetivos asignados bajo el control democráticio, sin menoscabar su eficiencia y eficacia. Es preciso mencionar también que el nivel que se alcanza no es estático es más bien dinámico dependiendo de la naturaleza de las amenazas que existan, de la coyuntura política y la cultura cívica de la sociedad.

lunes, 21 de marzo de 2011

Las mujeres en la Fuerza Armada

Uno de los importantes cambios sufrido en las Fuerzas Armadas desde hace 14 años, es la incorporación de la mujer a los cuadros de Oficiales y Sub Oficiales, con los consiguientes problemas que ello ha conllevado. En el caso peruano fue una disposición como otras de nivel político, sin tener una idea de cuál iba a ser su función ni los roles que deberían cumplir, por otro lado no había la infraestructura adecuada para albergarlas en escuelas y posteriormente en cuarteles y bases.
La adecuación de las mujeres en la FA y el servicio voluntario cambian las relaciones civiles militares  por la ciudadanización previa  que han tenido estos nuevos integrantes,  y la mirada de la sociedad con respecto a la FA, porque otros integrantes de ella se han incorporado, haciendo que aquella sea más representativa de la sociedad; por otro lado,  se siguen produciendo cambios en la cultura militar como consecuencia de ello.
Durante este tiempo no han faltado problemas de adecuación y convivencia en un medio que era reservado solo para varones; entre ellos, falta contra el honor sexual, cadetes embarazadas, noviazgos entre cadetes de las diferentes escuelas y otros. Frente a ello los Institutos Armados y últimamente el Ministerio de Defensa han emitido dispositivos legales que  prohiben e inhiben relaciones no deseadas, tanto en los Cuerpos de Oficiales como de Sub Oficiales, así como en las escuelas de formación.
Se han dado casos emblemáticos contra el honor sexual, que han sido publicitados por los medios, algunos aún no resueltos, así como de cadetes embarazadas que han deseado continuar con su permanencia en la escuela que están cursando. Hace pocos días en el CITEN de la Marina de Guerra  se ha dado el caso de la separación de dos alumnos de diferente sexo, que estaban teniendo relaciones  amorosas.
Independientemente de la magnitud del hecho y de la sanción aplicada, estos casos, como el  que no salgan embarazadas las mujeres durante su permanencia en las escuelas, están reglamentados; sin embargo hay voces en la sociedad,  particularmente de los órganos de la Defensoría del Pueblo y ONGs feministas, donde consideran que es injusto este tipo de sanciones y que se está recortando sus derechos y que son actitudes retrogradas.
He tenido la oportunidad de discutir varias veces, alrededor de una mesa y un café, con algunas sostenedoras de esta última posición, argumentándoles  que toda persona que ingresa a una escuela de formación militar, varón o mujer, lo hace en forma voluntaria, haciéndose responsable por las disposiciones emanadas de los diferentes reglamentos que rigen durante su formación en la vida militar y saben que si cometen alguna falta reñida con las normas de disciplina, van recibir la sanción correspondiente. Todo ello es parte de la formación para la vida militar y para las exigencias a las que van a estar sometidos tanto varones y mujeres, ya como profesionales militares.
Si bien es cierto que el género femenino va ganando cada vez más espacios importantes en el seno de la FA, tanto en los cuadros de mérito como en los ascensos, así como ingresando a diferentes especialidades, incluyendo algunas de combate; creo improbable, al menos por el momento, el cambio de criterio de la escuelas de formación frente a los problemas acaecidos últimamente. 

viernes, 11 de marzo de 2011

La voz de los militares

Mucho se ha hablado sobre que los militares no pueden deliberar, lamentablemente el dispositivo legal de la Constitución es genérico, lo que ha traído interpretaciones muchas veces antojadizas tanto de políticos como de algunos militares.
Por supuesto que los militares pueden deliberar, son hombres pensantes, con inteligencia desarrollada y raciocinio, como cualquier otro profesional calificado. La limitación está en que el militar en el activo no pude publicitar su opinión política públicamente, valga la redundancia, con  argumentos que sean diferentes al oficial, en temas políticos. Pero en el interior del seno del Instituto debe y debería hacerse, sin que esto constituya una insubordinación frente al representante del sector.
Es necesario que los militares tengan una voz ante los políticos y la opinión pública en temas relacionados con la política de defensa y la política militar, sin que ello quiera significar que nos estemos apartando del modelo democrático, de la subordinación de la Fuerza Armada a las autoridades legalmente constituidas. Más aún en momentos que los presupuestos son exiguos, el material esta en malas condiciones, los sueldos son injustos, existen lentos procesos judiciales y a ello se suma la diversidad de tareas que cada día asume la Fuerza Armada, con diferentes responsabilidades; hacia dónde vamos?
En toda sociedad moderna, los ciudadanos tienen voz, para hacer llegar  a los políticos y a la sociedad en general, los problemas que tiene ese grupo humano, que muchas veces es manejado por las autoridades sin ninguna consulta y a espaldas de ellos. Y los militares también son ciudadanos, pueden votar y actúan en participación ciudadana, de acuerdo a la última reforma de la Constitución; también es obvio que parte de sus derechos civiles están suspendidos, por la misión a que están afectados  
La física elemental nos demuestra que cuando se llena de vapores un recipiente tapado y luego es calentado, los gases tienden a explotar el recipiente, que puede causar  accidentes si no desfoga, de igual manera, las tensiones que existen en las  relaciones civiles militares podrían aliviarse si  los militares tuvieran una voz, entendiéndose a voceros predeterminados y legítimos ,  a militares, que deben estar preparado  políticamente, convencidos  de la democracia liberal , de manera tal que se legitimen ante la sociedad y que no causen resquemores sobre un posible confrontamiento con las autoridades políticas ni mucho menos una insubordinación al gobierno de turno; así como no tomar alianza con algún partido político, porque desnaturalizaría su labor.
De manera tal que este vocero (s) puedan hacer uso de sus puntos de vista a grupos de políticos y, la sociedad, estableciendo ‘’constructivos compromisos políticos’’, como lo menciona Sam C. Sarkesian , sin que esta acción comprometa la subordinación que debe tener la FA frente a las autoridades civiles. Y ello es justificable toda vez que las acciones que realiza la FA,  es en representación de la sociedad, y los políticos a veces toman medidas donde ignoran la capacidad técnica y la experiencia de los militares. Los militares pueden presentar sus puntos de vista dentro de los parámetros de la democracia liberal
En su artículo The US Military must find its voice, Sarkesian menciona varios casos, Vietnam, la Guerra del Golfo, Somalia, Bosnia, donde los militares no hablaron claramente de los problemas que estaban ocurriendo, frente a estos hechos señala al General Matthew Ridgway, , veterano de la II Guerra Mundial y la Guerra en Corea, quien sostiene:
Las autoridades civiles deben respetar escrupulosamente la integridad, la honestidad intelectual de sus Oficiales. Cualquier esfuerzo que contemple puntos de vista unánimes, que permita la adherencia a una línea partidaria de política- militar contra la honestidad de puntos de vista de oficiales responsables…es una práctica perniciosa que arriesga en lugar de proteger la integridad de la profesión militar 
Las complejas relaciones civiles militares permiten que los militares tengan cada vez más una mayor visión política del entorno que los rodea, visión que les  permitirá mejorar su eficiencia, efectividad , así como lograr establecer saludables relaciones con las autoridades políticas y con los diferentes grupos de la sociedad.

miércoles, 23 de febrero de 2011

El carácter policial de la Fuerza Armada

Tal como lo mencionaba al final de su obra ‘’The Professional Soldier’’, Morris Janovitz(1960), la Fuerza Armada se orienta a ser una fuerza de carácter policial ‘’constabulary force’’; según palabras del mismo, la organización militar deviene en una fuerza policial, cuando se prepara para actuar con un mínimo de fuerza, busca la viabilidad de las relaciones internacionales más que una victoria, porque tiene incorporada una postura de protección militar.
Posición del autor, que se materializa en las diferentes misiones que tienen las Fuerzas Armadas en las operaciones internacionales de ayuda humanitaria, de pacificación, de control de desastres, de destrucción de núcleos terroristas.
La predicción de Janovitz, ¿se está cumpliendo? ¿Hay nuevos roles en la Fuerza Armada, que la perfilan como una fuerza de carácter policial?
Hace pocos días el Gobierno dispuso a través del Ministerio de Defensa la intervención de la Fuerza Armada en la destrucción de dragas informales que extraen oro en los ríos de Madre de Dios y causan serios daños al sistema ecológico de la zona, particularmente con el uso desmedido del mercurio para obtener el preciado mineral.
El quid del asunto, independientemente de la aprobación mayoritaria de tal medida y el éxito que se está logrando, en desmedro de la minería informal, es ¿sí la Fuerza Armada debiera participar en apoyo a la acción de la Policía Nacional o tener a su cargo en forma directa tal intervención?
Si consideramos que la minería informal, la depredación de los bosques, la contaminación de los ríos, corresponde a un ilícito legal, ¿no debería actuar la Policía Nacional? ¿Son las acciones que se toman en esta situación cualitativamente  las más eficientes?
¿Estará preparada la Fuerza Armada en un caso de rebelión y subversión por parte de los pobladores que están siendo afectados?
¿Cuáles son los límites de la Fuerza Armada en caso sean atacadas?
¿Si estamos en un nuevo orden mundial, no sería conveniente capacitar a los miembros de la Fuerza Armada en otro tipo de aptitudes al que se tuvo en el siglo XX?

jueves, 3 de febrero de 2011

Control Democrático de la Fuerza Armada?

Al poco tiempo de pasar al retiro comencé a compartir con civiles académicos sobre temas relacionados con la FA, en una de las intervenciones sostenían que los militares teníamos muchas prerrogativas, no entendí en absoluto, toda vez que nunca lo había pensado o sentido así. Ha tenido que pasar varios años para entender a que se debía dicha afirmación.
Esta situación , hoy deseo materializarlo con un caso de actualidad. La concesión que ha efectuado el Comando de la FAP de 18,000 hectáreas en Chiclayo  por un período de 45 años, a una empresa agroindustrial recién creada con un capital de 3,000 soles, sin ninguna experiencia previa en el ramo, cuyo representante ha sido hasta el momento de publicitarse esta noticia, asesor del Programa Sierra Exportadora, órgano del actual gobierno para promover las exportaciones agrícolas. El tema es que esta concesión se ha hecho a sin el conocimiento  del Ministerio de Defensa, Ministerio de Agricultura y Superintendencia Nacional de Bienes  Estatales (Diario Perú 21).
Al margen del posible tráfico de influencias políticas, lo que quiero significar en el presente post es la discrecionalidad con que actuado dicho Comando. ¿Hasta dónde es posible que un Instituto Armado enajene una propiedad, que el Ministerio de Agricultura le había cedido como polígono de tiro?
Este tema está íntimamente relacionado con el nivel de autonomía que debe tener la Fuerza Armada, que es un punto importante, como lo he manifestado en post anteriores, para mantener la eficacia y eficiencia de la misma para cumplir con su misión asignada, sin que intervengan las autoridades políticas en funciones que no son de su competencia.
¿Estaría este caso dentro de ese nivel de autonomía? Obviamente que no, las propiedades de la  FAP no son extraterritoriales al control de la Superintendencia de Bienes Nacionales y del mismo Ministerio de Agricultura, quien le había cedido el terreno aludido.
Estas señales no son bien recibidas por la ciudadanía en general, porque percibe una discrecionalidad por parte de dicho Instituto y porque la decisión de entregar en concesión un valioso terreno de 18,000 hectáreas a una empresa en especial, constituye una acción inconsulta por parte de la FAP, al margen del posible manejo irregular político; además afectan las relaciones civiles militares, por la falta de control democrático por parte de las autoridades del gobierno, particularmente del Ministerio de Defensa, el cual desconocía del tema y solicitó la intervención de Inspectoría.

martes, 1 de febrero de 2011

El Presidencialismo y la Fuerza Armada

La adecuada y difícil relación civil militar, particularmente en democracias incipientes como la nuestra,  a veces es afectada por las mismas autoridades encargadas de dirigir al sector militar.
En estos días tenemos una muestra más, a la sucesión de ventas de terrenos e instalaciones de la Fuerza Armada, ahora se suma el hecho que el gobierno le ha quitado el carácter de reserva para la defensa nacional a la Base Naval del Callao con el fin de entregar una parte de ella a la construcción de un muelle de minerales, acción tomada por el primer mandatario sin haber hecho las consultas del caso a los marinos, quienes a través del Ministerio de Defensa podrían haber opinado al respecto.
El tema actual, al margen de la medida tomada, es el estilo presidencialista con que se manejan aspectos sumamente delicados para la seguridad y defensa nacional, donde deberían converger el Consejo Nacional de Seguridad y el Ministerio de Defensa, y también por qué no, la Comisión de Defensa del Congreso. Considero que una medida de esa naturaleza no debería tomar el Presidente a espaldas de los entes que tienen que debatir y consensuar, para ver las ventajas y desventajas que reporta dicha decisión.
Y a ello se suma las destempladas declaraciones del mandatario, según el Diario La Primera, donde se expresa mal de dos connotados marinos en el retiro, quienes han expresado libremente su opinión observando la medida, como cualquier otro ciudadano pudiera hacerlo . Según el diario aludido el Presidente manifestó, entre otras cosas: “Aquí hay personas que se creen dueños del Estado y no son más que empleados que deben obedecer las órdenes del gobierno civil…..’’.
La Constitución señala que el Presidente es el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, así como que éstas están subordinadas al poder constitucional; la subordinación es un reconocimiento al poder surgido de la elección mayoritaria por los votantes y de ahí que surge el control democrático de las FFAA por el gobierno de turno. Es clara la Constitución en el sentido de la subordinación de la Fuerza Armada al poder político, que no es necesariamente sometimiento, no debe haber un afán instrumental en este control, sino que es un control propio de la democracia; de no ser así los conductores civiles podrían ser  tiranos y dictadores, entonces ya no tendríamos una conducción democrática, sino una conducción dictadora de la FA.
Por otro lado es bueno recordar que dentro de las difíciles relaciones civiles militares,  es importante el nivel de autonomía que debe tener la FA para tener eficiencia y eficacia, nivel que no se impone sino se construye en base a sucesivos acercamientos, confianza, coyuntura política, más aún en un período de transición democrática
En consecuencia no es dable una actitud autoritaria por parte del Presidente con el sector militar, como con cualquier otro sector de la ciudadanía, en principio porque afecta las relaciones civiles militares, segundo porque afecta la seguridad nacional y tercero se estaría dando señales que no estamos con un gobierno democrático.